jueves, 16 de octubre de 2008

Ceremonias para disolver

Acaricie con palabras a sus camaradas.
Diga que los quiere
(pero no haga por ellos casi nada)
Hable del afecto,
de los sentimientos que estan dentro suyo
pero siempre dando lo menos posible
de la cercanía,
pero siempre cuidando la distancia,
Cuando sienta que le reclaman sus faltas de excusas,
prometa más (siempre más)
de lo que no da.
Diga cinco o seis palabras lindas.
cuando ya la confusión esté bien hecha
diga un conjuro,
un par de cosas raras,
y con gran desprecio,
como siempre,
desaparezca tras su propia cortina de humo.
Diga que volverá en algún momento,
(cuando no haya nada mejor que hacer o le convenga)
Mírese distorsionada en su propio espejo.

Escriba un libro sobre el arte de hacer las cosas sin hacerlas
editado por El Gato Pardo
Es libre usted de hacer lo que quiera,
(todos lo son, por supuesto)
incluso de pensar que la gente es estúpida
y vivirá siempre prendida a su interminable capricho
recibiendo migajas,
escuchando más,
y más
y más
palabras huecas.


El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, octubre de 2008)

2 comentarios:

parofi dijo...

En tu nombre, te divago por tus letras, amigo porteño de profundas vacilaciones, a ratos me fugo, como un puñado de cometas.

Este, como en general tu obra amigo mio, son de un cotidiano deambular por las partisanas elocuencias de tu orbe, aquella que en su juicio certero, clavan como espejos en las venas.

Como todo lo que escribes, siempre es un gusto poder leerlo...

Abrazos

Chusku dijo...

Saludos trasandinos.
Volver a lo cotidiano.
A nosotros
a solo estar.
Lejos de las grandes estructuras,
y esos ambientes donde la política,
es hacer creer que se da mucho.
Cuando en realidad se da en lo posible
lo menos posible.
A pesar de lo que nos quieran hacernos pensar,
estamos aquí,
Es mentira que no sentimos nada.

Saludos de nuevo