domingo, 28 de marzo de 2010

¿Cuales son los colores?

Ruido a costal de huesos,
otro día con su rumbo pesado
que le pasa por arriba a las ilusiones.

Viento en la Capital,
este lugar no sabe de brisas, creo,
ni de idiomas suaves.
Tal vez por no saber otra cosa más que la esperanza
hoy seguí creyendo en lo que creo,
y creo...
que es lo único que sabría decirte.

Creo también,
que voy a seguir unas cuadras más allá
antes de pensar para donde sigo.
Tengo la mejilla y el oído atentos,
tus labios tal vez me recuerden, o digan,
cuales son los colores de las cosas
que tengo que buscar

Tus labios...
Cuando logre encontrarlos,
¿a dónde?

Ilusiones en pedazos,
tiempo sin concesiones,
calle empedrada de las buenas intenciones
donde engordan a montones
los que se nutren de inocencia.

Del juicio de los demás
no se desprende más sentencia
que lo que cada uno piensa de si mismo.

Pobre,
no entendió el catecismo
de los que visten a dios y al diablo
de sala de espera para el propio infierno.

Quien sabe si el destino deja rastros,
o si es culpa de los años
o del que los anda anticipándose al miedo
el conformarse con apenas hacer la sombra prevista
entre las sombras.

Averigua
¿cuáles los colores?,
no te conformes,
tarde o temprano intentarás destruirte
y tal vez al mundo.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, diciembre de 2009)


Yo sé que no amontono más razón
que la razón de ser un pobre criollo
José Larralde

jueves, 25 de marzo de 2010

Momentos que se tornan otro más

Tal vez sea hasta cierto que puedes dictarle a tu ser como sentirse,
pero será eso para gentes más expertas.
Yo,
vine apenas a ver inclinarse otra tarde el mundo
es, vaya si, un día tormentoso.
El agua va y va contra el paredón,
riñen por ver quien queda y quien se va sin importarles el escándalo.
Como dos ebrios que compartían el vino hasta recién
y ahora de pronto se desconocen.

La del viento es la canción que está en todas partes,
amiga, ayudame a salir del re menor,
que el río se agita y las amarras no se sueltan
de botes y barcazas que han tenido hoy franco.
Como tampoco se sueltan las amarras sin sentido y transparentes,
de mí,
y de tantos
que estamos estancados sin saberlo.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, diciembre de 2009)

(no sé que opinarán las/os lectores, pero últimamente siento que me está cantando Joe Cocker con un coro femeninio de fondo en los poemas. Aclaro a Joe que si es él no tengo para pagarle más que un scotch.)

lunes, 22 de marzo de 2010

Mientras espero que pasen las nubes

Notas las tardes como flotando dentro de un espejo algo opaco.
un espejo que compartió con la humedad siglos.

Parece que nunca fueras a darte cuenta amiga,
que el Sol está adentro tuyo
que las memorias se escriben en un cuaderno de viento.
Tal vez...
estoy pensando,
tal vez nunca vimos el Sol,
por eso no sabemos aún como buscarlo.

Entre lo que es y lo que debería ser,
algo de la senda del mañana se va angostando en resignaciones

y yo voy,
o más bien: sigo
barajando posibilidades que tal vez no me correspondan.
Voy, por esta herida gris en la llanura
desangrada en calles
estuve perdiendo parte del día,
veré que hago con lo que me queda.
Por ahora escribo este poema
que cuenta como pasan unas nubes.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, noviembre de 2009)

viernes, 19 de marzo de 2010

Tiempo de ir ganando

¿Qué sentirá una manzana cuando una linterna apresurada le ilumina el verde?,
¿o las caras estaqueadas en la Isla de Pascua de su mundial fama
a cambio de su condena de siglos adustos ignorando el cosquilleo
de las gotas de rocío poblándole las grietas?

¿Qué pensará el semáforo de no poder girar el cuello y mirar a donde va tan apurada
esa gente que lo mira con fastidio?,
¿de no poder estirar piadoso su amarillo aunque siga esta lluvia?

¿Quién habrále puesto a la guitarra seis cuerdas?
¿Quién dijo basta?

Ojo del sur, ¿cuándo?,
¿sobre cual baldosa de que calle, habrá decidido que yo naciera
desnudo y doliente como todos?

Ojalá algo desatara ciertos nudos, o naciera la gente
con reservas de paciencia o tijeras
Ojalá pudiera alargar esta línea hasta abrazarte,
yo te regalo mi paciencia.
Esa bengala que solté a pleno mediodía
cuando tu planeador pasaba en vuelo no planificado.
La lancé parado sobre una lengua del arrecife de coral
desde el que suelo asomarme los domingos.

Pez que no sabes gritar,
pensabas que todo se acercaría estando simplemente allí
pero el tiempo pasa insoluble como las olas
y en tu piel se cataliza la sal

¿Qué será un siglo para una mariposa?
¿Qué será la libertad para un hombre empleado de este mundo?
¿Qué será esta calma,
más que un pozo en el aire?,
Cómo será dar la vuelta,
me pregunto un gol abajo
a los cuarenta del segundo.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, diciembre de 2009)

martes, 16 de marzo de 2010

Bajando la placenta

Única salida,
se aproxima la luz,
La vida tiene un plan,
un plan maestro, detallado,
expreso claramente.

Pero hay mucha confusión,
mucho enredo,
vos soltá el cordón,
no tengas miedo.
Tu instinto te ayuda,
intentarán plagiarlo,
inventarte necesidades,
implantarte miedos.
No es nada personal,
nomás puedo decirte,
a todos nos sucede.

Llegará el momento en que aprenderás
las pocas reglas valederas.
Y te darás cuenta que pese a la razón,
llegado el caso,
harás cualquier cosa.
Cualquiera a tu alcance,
cualquier cosa
porque quien querés, te quiera.

Puede parecer pretencioso,
pero acaso de eso se trata,
verdad y desengaño.
Seriedad y necesario desenfado.

Suelta el cordón,
preparate para asfixiarte de aire,
No tengas miedo,
aún perdido el rumbo
habrá siempre algunas cosas que te recuerden este viaje

Tu pequeño mundo se agita,
se aproxima la luz,
tranquilo.
La vida tiene un plan,
un plan maestro, detallado,
expreso claramente.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, febrero de 2010)

listen up baby

sábado, 13 de marzo de 2010

Trámite

Timbrado impago,
copia pálida.
La fecha apenas se deja ver.
Sin nada importante,
sin tu firma
sin reclamo,
frente y dorso de otro día más sobre esta tierra.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, diciembre de 2009)

miércoles, 10 de marzo de 2010

La vida nos separa

Adoquines,
milagrosa voz,
ojalá nunca más calles.

Contraste,
avenidas llenas de silencio,
calles y calles
y seguir.

Brotes prisioneros,
Nadie paga su rescate todavía.
brotes,
¿cuándo a mi ventana?

Brotes,
brotes.
Día,
Rey,
Sol,
padre mío,

¡Salud!

Están armando los puestos de la feria en que se venderá mi sangre;
y el que puede compra lo que le falta,
lo que llora en madrugadas.

Vientres arrancados,
niños apartados de su alegría
por quien los odia,
por quién los amó
y ya no.

Soñé que compraba un arca,
quise salvar al mundo
sin comprender que cada cual vive en el propio.
Quise salvar, sin poder salvarme.

Padre,
padre,
padre,
disco rayado,
comprendo que estoy solo.
Tu luz se pierde en la distancia
las sombras desfilan errabundas,
dispersadas.
Junio juega su cuatro de oros,
la noche va llegando de aquel lado

Amarillo cadáver,
tiempo en que todo se detiene para rehacerse.
Música de grillos, esta vez,
no mal presagio.

Padre,
padre,
padre.
De íntima voz,
de corazón escaso,
te oigo diciendo:

“Yo era,
vengo de dormir
Tú eres ahora el espejo
Donde va la gente”

¡salud!

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, febrero de 2010)

lunes, 8 de marzo de 2010

Carbunco

Delgada cinta de la vida,
viene la muerta atada a su cabo,
en un solo e inseparable nudo.

Ni abuso,
ni piedad.
No hay lealtad aquí,
tan solo tiempo.

Espora suelta,
cuerpo hinchado tumbado de lado.
Nadie lo toca,
mira sus colores
la muerte está cantado dentro;
las paredes
comienzan a gastarse.
La sangre lo va abandonando por cada orificio,
asoma y coagula
y la que viene detrás tropieza con ella.

Penúltimo suspiro,
espora suelta.
Muere lento,
como muere la pureza
Podrías tocarla con la mano,
pero mejor vete.
Mira sus colores,
catedral oscura de la que la sangre mana.
Las paredes a punto de reventar,
la muerte está cantado su antiguo himno dentro
el del dolor y la incertideumbre,
el del llanto y los grandes precipicios;

el de la última estrofa

que rima otra vez con vida.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, febrero de 2010)

jueves, 4 de marzo de 2010

Flecha imantada de oestes

Los días
solo rutina irracional
de noche la tregua.
No es el Sol quien castiga
es la costumbre de sentirse muy altos de algunos.
Yo no los culpo ni los disculpo.

Olor a alba,
de fondo la calle.
Asfaltaron la ternura
van al tranco los imperturbables a sus quehaceres
Esperando las noticias,
olvidados

de sorprenderse a sí mismos.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, febrero de 2010)

lunes, 1 de marzo de 2010

Espejo de aguas

mentira con que me conformo
mentira,
mentira
mentira

no se puede pintar un Sol furioso y blanco sobre esta hoja como debiera,
los días se acortan,
lo amarillo desfallece
y tú te apenas de mi ausencia
y no es cierto

mentira derramando lluvias de lágrimas en la tierra muerta.
Espera a la sombra
por orden de un capataz de tiempos que se alargan

los párpados han tornado en plomo,
aguardo en vano su mirada.
Con deseos de llorar
estoy volviendo a mi altura,
voy trepando en espiral los caminos
y en la mente
al fondo del desengaño
un:

pero quizas...

Ya no,
que el que tiene dominio y voz,
que el que puede hablar
un día ordene que triunfe el amor
yo por ahora:
mentira,
mentira,
tres veces mentira

me digo,
me repito.

El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, marzo de 2010)