domingo, 2 de noviembre de 2008

Violencia en el parque

La ropa un poco rota,
el pelo revuelto.
Aliento a alcohol,
un aro que brota del labio que insulta
por cualquier razón banal.
¿Qué pasa que olvidamos sonreír?,
que nos agachamos...
¿Qué nos pusimos blandos para que nos pudieran masticar y engullir
en este inmenso estómago?,
en esta lenta digestión a media luz,
donde todo parece igual.

Nada reemplaza a lo que hacés,
sea tecnología,
suerte o buena intención.
Todo lo que no importa al frente,
todo lo importante relegado.
¿Qué pasa,
que adoptamos el discurso
que ayer aborrecíamos?
Por la mañana lo escuchamos,
por la tarde nos convencieron,
y a la noche ya éramos otro descerebrado más
pensando que pensaba.
Con deseos desordenados,
frases hechas,
egoísmos,
paranoias,
y una montaña de otros etcéteras.

¿Por qué decir que si?,
aceptar ciegamente
hacinar,
oprimir,
dormir por cuatro horas,
arrastrar dudas,
deudas,
cargas,
sospechas,
marcas de jeans,
zapatillas
o golpes.

Obligaciones un tanto ajenas,
sueños absurdos,
recelos,
dividir,
dividir
¿a quien conviene todo esto?

Orgullo,
veneno a veneno,
diente por diente.
Un puño sin dirección,
el beso frió del acero,
un cuerpo que entrega todo lo que tiene
y va a dar sin atenuantes al piso.
Violencia en el parque,
sin revancha.

Tras los ojos cerrados se esconde un misterio
que nadie quiere saber,
sirenas que suenan a lo lejos
Sangre joven en el pasto perdiéndose sin sentido,
corona a la cabeza un charco tibio...

Mundo en setenta pedazos,
traidor de soñadores,
cada cual atiende su juego.
Y un cuerpo recostado allí que tal vez diga:

Me quedo ciego mirando el cielo,
al menos las estrellas
quieren estar sólo conmigo.

El Poeta del Asfalto, Buenos Aires, septiembre de 2008.

2 comentarios:

David E. Alvarado dijo...

no sé que decir... me has dejado sin palabras.

Chusku dijo...

Tal vez, haya que dejar de decir, y volver a hacer.

Saludos
Luis