sábado, 19 de septiembre de 2009

A veces vale mentir una esperanza.

Gente que actúa por recompensa
tal vez quieran averiguar si tiene precio mi cabeza
Tal vez crean que canto por algún interés para nada interesante
tal vez por educación me escucharían hasta el final
cuando en el fondo me pidirían sin más que me fuera,
o me manden derecho al muere.

Tal vez confundan,
o no sepan interpretar,
acaso duden si este poema transcurre en el mundo de la producción
si contamina el aire,
si aún respira.
si parte desde, o es parte,
de la colonización del inconciente por alguna fuerza foránea.

Yo no sabría decirle.
Yo tan sólo veo vidas que respiran
en un vagón sin salidas de emergencia
veo muchos pechos
que valdrían menos que la bala.
Veo muchas ganas de que muchos
suelten las riendas de su destino
para volver a arriarlos como a ganado.

Voy en el furgón agachado contra una pared,
llevaba varios viajes pensando,
presintiendo que había algo raro en el aire.
tratando de interpretar,
escuchando el traqueteo de las ruedas sobre los rieles.
De pronto me dí cuenta
que estuvo siempre frente a mis ojos,
y yo no alcanzaba a verlo.

Que pena,
costó tanto volver a hablar,
volver a confiar en la palabra.
Que pena,
que inmensa pena ese instante de descubrimiento...
Eran los vagones repletos,
enteros,
callados.
Era el miedo, otra vez, hecho silencio.


El Poeta del Asfalto (Buenos Aires, agosto de 2009)
"nadie sabe a donde vamos,
pero todos, ya, pagamos el pasaje"(Antü)

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